No puedo soportar que me rechaces…

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¿Cuántas veces nos hemos reprimido de comentar algo por miedo a que piensen que somos menos inteligentes (o de una tont@s), que no estamos en lo correcto, que no pensamos bien, que no somos capaces, que no somos suficientes? ¿Cuántas veces nos hemos reprimido a hacer lo que realmente queríamos hacer por miedo a que piensen que esto no va con los estándares de lo que “deberíamos querer hacer”?

Clara tiene este problema en todas sus relaciones y muy patentemente. Si bien ella se siente conforme con cómo ella es, y sabe que las cosas que opina, siente y dice son cuerdas, al momento de plantearlas hacia el exterior aparece una gran barrera, la barrera del “qué dirán”.


Le pasa con su pareja. Cuando ella está compartiendo una opinión con su pareja, aparece la idea de que él está pensando que ella es estúpida, que su idea es estúpida, que está haciendo el ridículo. Esto la martiriza a tal punto, y le da tanta vergüenza, que ni si quiera lo puede exteriorizar, por lo que tardes y noches enteras de compartir con su pareja se ven arruinadas con el pensamiento de “está pensando lo peor de mí”.

Le pasa en reuniones sociales. Cuando está conociendo gente, está muy atenta a cómo dicen las cosas las demás personas, qué opinan los otros de todo, y se ocupa de calcular milimétricamente sus palabras, su tono y al límite que tiene que llegar para no decir o hacer algo “equivocado”, algo que la pueda poner en el terreno de lo rechazado.

Le pasa en sus reuniones de trabajo. Le cuesta hablar en público, y cuando lo hace sólo es porque no tiene opción. Para esto, en reuniones va preparando lo que va a decir mucho antes que le toque hablar, señalando cada cosa en su mente con la vara de “tiene que sonar inteligente, cuerdo, aceptable”. El proceso se siente horrible, un camino de miedos que tienen que sortearse con gran precisión para no cometer el error final: que la gente piense algo malo de ella, que ella sea rechazada.

Clara termina la mayor parte del tiempo siendo exitosa en estas áreas: en su relación de pareja, en sus reuniones sociales, en sus relaciones de trabajo. Desde afuera, pareciera que operara con normalidad, con soltura. Pero nadie sabe lo que lleva dentro. Nadie sabe lo que ella está sintiendo realmente, el terror de vivir con esa amenaza.

Lo que ella siente, desde la profundidad de su ser, es miedo. Pero no es miedo al “qué dirán” solamente. El miedo es a la CONSECUENCIA del “qué dirán”. Y la consecuencia última, y más terrorífica de ese “qué dirán” es el rechazo. El gran y temido RECHAZO.

¿De qué? Del mundo, hacia ella. El sentir que su pareja la puede rechazar implica que la van a dejar de amar, que ella va a quedarse sola. El sentir que en las reuniones sociales la van a rechazar implicaría quedarse sola en el mundo, y vivir con ese yugo. El sentir que en el trabajo la van a rechazar implaría darse cuenta de su insuficiencia profesional, de no saber cómo mantenerse, de no saber cómo ir a flote.

Vivimos como Clara. Atormentad@s del “qué dirán”, de las ideas que otros van a tener de nosotros. De que si esas ideas son contrarias a lo “esperado”, entonces viviremos en carne propia el frío, exaltado y temido rechazo. Y nuestras vidas se acabarán.

SI, PERO, ¿Y CÓMO ACTÚO DIFERENTE?

Fácil es comprenderlo desde afuera, pero, ¿y desde adentro cómo lo actuamos? ¿cómo vivimos nuestro ser a pesar de esto?

La clave: el rechazo no está afuera. El rechazo está adentro. Cada vez que nos sentimos rechazad@s por alguien, o sentimos la amenaza de sentirnos rechazados por alguien a quien no podemos mostrarnos como somos, estamos experimentando el resultado de un proceso que ocurrió antes y que no hemos notado, el autorechazo.

El autorechazo es el contrario del autoestima. Y es una parte de nosotros que puede ser absolutamente autodestructiva. Pero por el contrario, si comprendemos de qué se trata y logramos ocuparlo como herramienta, se convierte en nuestro mayo aliado para superar esta barrera.

Cada relación que tenemos, es UN ESPEJO.(link a este artículo). Un espejo de una parte de nosotr@s, sea una buena parte, o una mala parte. Sea linda, o fea. Si encontramos en el otro un rechazo, SIGNIFICA que de alguna manera nos estamos rechazando a nosotros mismos en algún aspecto.

Veámoslo en Clara:

El miedo a que su pareja, sus nuevas relaciones sociales o sus colegas piensen que ella es tonta, o que está hablando estupideces, espeja una parte de sí misma en la que ella siente que efectivamente es tonta, que está hablando estupideces, que es ridícula. Conscientemente Clara no opina esto de sí misma, jamás se diría esto a sí misma. Pero bajo la conciencia, existe la sensación que le quedó de pequeña, cuando experimentó bullying departe de su hermano y otros niños que le decían que ella era tonta, ridícula, que estaba hablando estupideces. Esa parte de Clara quedó encapsulada. Esa parte de Clara aún siente que eso es verdad y le resurge a la conciencia en todas estas áreas. Su pareja, sus amigos y colegas no tienen nada que ver en esto. Es ella contra ella misma.

¿Tienes relaciones que te hacen sentir tonta? ¿tienes relaciones en las que no puedes expresarte? ¿tienes relaciones en las que no puedes ser COMPLETAMENTE TU? ¿qué hay detrás de ese rechazo? ¿estás experimentando, tú, autorrechazo?

Si es así, no estás sola. A todos nos pasa, y nos pasa constantemente. Quizás necesitas un espacio de  terapia. La terapia psicológica es un espacio en el que puedes ser tu, libre de todo juicio en incluso liberar los juicios a ti misma, comprender y sanar estas parte de ti que no te dejan ser quien eres. O quizás necesitas comenzar a plantearte esto, para ti misma nada más. ¿En qué lugar te encuentras?

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