“Si soy yo misma me va a dejar”: La historia de Sara. El miedo al rechazo o la pérdida del amor.

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Hay veces en que nos sentimos auténtic@s. Que podemos ser nosotr@s mism@s y mostrarnos tal y como sentimos, opinamos, deseamos. En esos momentos llegamos a una de las cúspides del bienestar, momentos en que podemos ser felices. Lamentablemente los juicios externos a los que tenemos que responder en este mundo, no nos permiten alcanzar este lugar muy seguido.

La mayoría del tiempo vivimos restringid@s por leyes sociales y culturales sobre la mayoría de los aspectos de nuestra vida: nuestra ropa, nuestro cuerpo, cómo nos movemos, cómo bailar, cómo hablar, qué opinar, qué sentir y qué pensar. En resumen, la sociedad nos entrega unas leyes absolutamente rígidas acerca de cómo LUCIR frente al mundo. Y si no lo hacemos de tal o cual forma, nos enfrentamos con un enemigo mortal: el RECHAZO.

Una paciente, Sara, es un reflejo de este problema. Sara, de 30 años, nunca se sintió aceptada por su madre. Su madre tenía una personalidad muy compleja en la que coexistían los vicios, la falta de amor propio y la falta de empatía por sus hijos, entre otras cosas. Sara observó que constantemente decir lo que pensaba frente a su madre era un reto colosal: oscilaba entre la posibilidad de TENER SU APROBACIÓN, v/s PERDER SU AMOR. Así lo sentía ella. 

Y es que lo aprendió de pequeña: la desaprobación sobre todo para los niños pequeños actúa como la amenaza de perder el amor de los padres, se siente y se vive como tal. Sara aprendió de esta forma en la infancia, y este aprendizaje se extendió en su adolescencia (“hago cosas para no perder el amor de mis parejas, para no enfadarlos, para que no me dejen”).

En su adultez, Sara experimenta muchos problemas para expresar su verdad frente al mundo: su orientación sexual por ejemplo, es algo que no ha podido aún develar con nadie. Salvo en su terapia y a sí misma. Ser lesbiana es un secreto con el que carga por miedo a lo mismo: perder el amor de quienes ama, sentir y sufrir el rechazo de su familia. “¿cómo me quedo sin estas personas en mi vida?”

En su trabajo, hay innumerables ocasiones en las que traspasa su límite, pero no puede decirlo: horas extras (llegando a trabajar 50 horas a la semana incluidos domingos), faltas de respeto y pésimo ambiente laboral. ¿Qué le ha impedido hablar con su jefa? Lo mismo: sentir y sufrir su rechazo, y como consecuencia perder su trabajo. “¿cómo me quedo sin este trabajo?”

En sus relaciones de amistades: amistades egoístas. Amigas que no le tienden una mano, que hablan por encima de ella, la interrumpen, no la ven, no la escuchan. Amigas con las que se siente pasada a llevar. ¿Qué le impide poner límites a las amigas? Lo mismo: sentir y sufrir su rechazo y como consecuencia, perder las amistades. “¿cómo me quedo sin estas amigas?”

Podríamos extender este escenario como un fractal de miles de espacios, grandes y pequeños, en la vida de Sara. Impactan todo y cada uno de los aspectos.

¿Te ha pasado a ti? ¿Te has visto reprimiéndote en algún aspecto de tu vida como Sara? Es fácil caer en esto. Dejamos de decir, dejamos de hacer, dejamos de expresar ciertas partes de nosotr@s por miedo al rechazo del mundo. Pero en este miedo, nos perdemos y nos olvidamos de quienes somos.

Responde a estas preguntas con cuidado y con responsabilidad:

De 1 a 10, ¿cuán auténtic@ eres en tu vida hoy?

De 1 a 10, ¿cuánto te escondes, como Sara, por miedo a lo que otros van a pensar, decir o sentir de ti?

Tu bienestar, tu tranquilidad y la paz en tu vida están siempre detrás de tu AUTENTICIDAD completa.

Por favor, si sientes que lo necesitas, trabájate internamente para ser COMPLETAMENTE TÚ. No te rindas hasta lograrlo. Este es el mejor regalo que puedes hacerte a ti, y a todas las personas que amas.

Con amor,

Pinda.

 

 

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